viernes, 23 de diciembre de 2011

Flor de Cerezo.

Y se reunieron. Como en los viejos tiempos. Allí estaban los cuatro, cada uno con su respectiva pareja. Sentados alrededor de una mesa redonda, en unas sillas de dudosa comodidad pero de perfecto diseño. Rodeados de personas que no serían capaces de percatarse de lo que había sucedido entre aquellas cuatro personas y de una música que pronto quedaría muy de fondo. En la mesa unas cervezas y unas risas más relajadas para unos, más forzadas para otros.

Todo volvía a ser como fue antes de que ocurriese. Cada pareja tenía sus motivos para que ocurriera aquello y sus motivos para volver al punto de partida, a intentar recuperar el tiempo perdido y, posiblemente, caer en el mismo error. Pero había un pequeño detalle que hacía que no todo volviera a ser como antes.

Ese detalle tuvo lugar mucho antes de que pudiera pasar por la mente de Él o de Ella que eso volviera a ocurrir, que cada uno se reencontrara con su antigua pareja.

Quizás no todos los sentados alrededor de esa mesa lo sintieran pero Ellos sí que lo sentían. Intentaban parecer lo más naturales posible, querían disfrutar de este momento como disfrutaban en un principio. Pero cuando Ellos cruzaban la mirada, saltaba una chispa, la mente de los dos se activaba. Percibían como los dos sentían lo mismo, como llegaban a su cabeza las mismas imágenes, como se deseaban, como les unió ese lazo de supuesta amistad pero que llevarían más allá. Estaba muy claro, los dos se atraían. Se atraían físicamente, pasionalmente, salvajemente. Después de esos segundos, lo que dura un cruce de miradas, intentaban volver a la conversación convencidos de que nadie notaría todo lo que había desencadenado esa mirada.

Él, casi sin darse cuenta, observaba los labios de ella, cuando hablaba, cuando sonreía, cuando tomaba un trago de esa cerveza. Esos labios carnosos, rojos y cálidos. Esos labios dulces que habían recorrido todo su cuerpo y le habían hecho disfrutar.

Ella, del mismo modo, observaba las manos de él, los gesto que hacía con ellas al hablar, la forma en que cogía su bebida. Eran unas manos de tamaño perfecto, masculinas, cuidadas, suaves y con las que había acariciado su cuerpo y con las que había recibido tanto placer.

Al llegar la despedida, esos dos besos de despedidas, ese contacto físico hizo que la erótica imaginación de Ellos volara y se vieran en vueltos entre sábanas, besos, suspiros y placer, sintiendo como gracias al otro sale el lado más salvaje y sexual que llevan dentro. Ese contacto fue muy intenso, los dos notaron la tensión sexual que se había creado en torno a ellos. Cuando se miraron a los ojos los dos sabían que en su mente habían vuelto a aquella noche donde se dieron cuenta de la atracción que se producían el uno al otro. 

Todo quedaría ahí. Sabían que sus próximos encuentros serían de la misma forma, sólo podrían disfrutarse con la mirada y con el recuerdo del placer de haberse conocido más a fondo. Pero, ¿serán capaces de disfrutarse solo con la mirada? ¿o algún día se darán cuenta de que hay algo más que simple atracción física entre ellos? 



"En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación."


HelleN



P.D: El propósito de "Trozos de Ella" era escribir sobre lo ocurrido en esta nueva etapa de mi vida. En este caso, no tiene nada que ver con la realidad, simplemente es un relato que ha salido de mi imaginación ante un folio en blanco.

1 comentario:

  1. Sin lugar a dudas, sus ojos siempre querrán dar a más.

    Sin lugar a dudas, sus miradas siempre querrán llegar a las manos.

    Sus manos verán más allá.

    Sin lugar a dudas.

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