Odio el atronador silencio que se produce a mi alrededor los minutos antes de dormir. A veces, desgraciadamente, esos minutos se pueden alargar durante horas.
Parece que cuando llega el silencio de la noche y todo empieza su estado latente hasta el nuevo amanecer, mi mente se activa más que en todo el día. Me bombardea de recuerdos, de las cosas pasadas durante los últimos días que querría no recordar, de imágenes, de canciones…
Lo peor es cuando llegan esos recuerdos que creías ya olvidados y te empiezas agobiar, a dar vueltas en la cama como si por cambiar de lado pudieras darle la espalda a esos recuerdos. Y todo se agolpa en tu mente, cuanto menos intentas pensar más pensamientos te llegan. Se van enlazando unos con otros, formando un bucle del que nos puedes salir. Sólo te queda esperar que Morfeo te lleve lo antes posible al mundo de los sueños.
Pero, ¿qué pasa cuando te ha ocurrido algo bueno, cuando eres feliz? Ese momento cuando te metes en la cama y vuelves a revivir esos buenos instantes, sientes ese cosquilleo que llena cada parte de tu cuerpo... para mi era una de las mejores sensaciones del mundo y que espero volver a sentir pronto.
"Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidarse es difícil para quien tiene corazón."
HelleN.
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