Y llegó ese día... esas seis horas de autobús que nos separaban de Madrid.
Creo que siempre que coja un autobús dirección Madrid, tendré la misma sensación. Esa sensación de liberación, de curiosidad, de querer quedarme allí para no volver y a la vez de tristeza por el motivo por el cual fui la primera vez a Madrid.
¡Y por fin llegamos! Fuimos llegando de forma muy escalonada, ya que nos reunimos personas de distintas ciudades. Pero finalmente, bien entrada la noche, pudimos sentarnos a la mesa, cenar y empezar a conocernos todos. Fue una perfecta velada. Transcurrió entre risas, chistes, anécdotas, cervezas, chupitos, juegos, música y muchas fotografías.
Al día siguiente, después de una mañana de mucho ajetreo, de esperar cola para ir a la ducha, de despertar a los más rezagados, de no encontrar la mitad de tus cosas... Nos pusimos rumbo a recorrer Madrid. Gracias a nuestro gran guía pudimos ver muchísimas cosas: monumentos importantes, edificios y calles emblemáticos, teatros, parques...Y cómo no, nos tomamos el típico bocadillo de calamares, sentados en Plaza Mayor disfrutando del sol. A la vuelta de nuestra guía turística fuimos hacer la compra para la gran cena de "nuestro propio fin de año"
Los momentos antes de la cena si que fueron de descontrol. Unos se duchaban, otros preparaban la cena, otros sólo sabían cambiarse de ropa, todos intentando asomarse al único espejo de la casa, de pronto nadie en la cocina, gritos de "mira el horno", "mira el pollo", "falta aquello"... Después de la tormenta llega la calma y conseguimos sentarnos todos y disfrutar de nuestra cena de fin de año adelantada. Hubo muchas risas, bromas, diversión... Pero a las 23:45 llegó el nerviosismo, ¡teníamos que buscar un vídeo con unas campanadas para poder tomarnos las uvas! Cuando llegaron las 23:59 pusimos el vídeo de las campanadas, y gracias a que se podía volver a poner el vídeo nos las tomamos, si no entre las risas, los nervios y los gritos hubiésemos entrado en el nuevo año sin haber tomado las doce uvas de la suerte.
¡Y entonces es cuando empezó la fiesta! Unos se emborrachaban de nocturnidad, otros de vodka, lambrusco, cerveza... Lo que está claro es que allá por donde pasábamos íbamos dejando huella e iluminábamos a los demás con el brillo de la corona de nuestra princesa. Tantas ganas teníamos de bailar, saltar, cantar... que pronto estaríamos en una discoteca. ¡Lo dimos todo! Sobre todo cuando cerca de las seis de la mañana empezó el DJ a poner las canciones típicas para que la gente tome el camino a la puerta, pero que a nosotros nos motivó tanto. Ahora quedaba lo peor, llegar hasta la casa. Pasamos mucho frío, nos dolían los pies, estábamos muy cansados pero sabíamos que al llegar a casa nos esperaba un buen trozo de roscón de reyes. ¿Qué es una navidad sin roscón de reyes? Que bien nos sentó después de toda la noche de juerga. Sin duda fue una fantástica noche y una gran fiesta.
Horas más tarde, preparamos el almuerzo de "nuestro año nuevo" y nos tocaba despedir a la primera amiga. En ese momento, me entró esa sensación que he tenido las otras veces que he estado en Madrid: no quería volver, me lo he pasado tan bien cada vez que estado allí, he disfrutado tanto que nunca me parece un buen momento para volver a mi rutina.
Pues con el almuerzo de "año nuevo" comenzaban nuestras últimas horas en Madrid. En estas últimas horas visitamos la estación de Atocha, el Retiro y cuando nos encontrábamos en la Puerta de Alcalá vimos tal aglomeración de personas alrededor de la Cibeles que decidimos acercarnos para ver que estaba ocurriendo cuando de pronto unos fuegos artificiales iluminaron la fría noche madrileña. ¡Qué bonita despedida nos había preparado la ciudad! Fue un momento muy mágico, emotivo y romántico. La única pega es que no estábamos todos juntos, esa tarde nos habíamos separado un poco.
Ya sólo nos queda una cena juntos, estábamos a unas horas de volver a coger el autobús que nos devolvería a la rutina. La cena transcurrió tranquila y agradable. Ahora tocaba despedirse. Llegaron los abrazos, los besos, las últimas bromas y el deseo de volver a repetir aquella experiencia.
Sin duda, para mi lo mejor de este viaje ha sido la buena conexión que ha habido entre todos y el buen ambiente que se respiraba en todo momento. Espero repetir algo parecido en la casa okupa madrileña. Y si es pronto, mejor que mejor.
"La amistad multiplica nuestras alegrías y divide nuestras tristezas"
HelleN