Comienzan los acordes de esa canción, nuestra canción. Tu cuerpo cada vez más próximo al mio. Tu brazo derecho me atrae hacia a ti y tu brazo izquierdo agarra fuerte mi cintura. Coloco mi cabeza en el ángulo que se forma entre la tuya y tu hombro. Parece que está hecho para refugiarme ahí, para que me protejas, siempre. Comienzo a besar tu cuello, lo recorro, todo él, haciendo que a cada roce de mis labios tu respiración se agite un poco más. Tus dedos, expertos, comienzan a recorrer todo mi cuerpo al son de tu instinto mientras, poco a poco, se acomoda al compás de esa vetusta guitarra. Nuestros labios se encuentra. Un haz de energía recorre todo mi cuerpo, y alcanza el tuyo. Energía que te hace girar sobre mi, y tenerte tan cerca. Piel con piel. Mis manos sienten la inmensidad de tu espalda, recorriéndola de arriba a hacia abajo para volver a subir y atraer aun más tu cuerpo hacia el mío con la esperanza de fundirme contigo. Todo a nuestro alrededor empieza a difuminarse para quedar, tu y yo, en ese mar azul, testigo de nuestra pasión. Y en ese momento es cuando te siento de verdad, te adentras en mi, en mi ser. Somos uno. Sin principio ni fin. Entonces, cuando toda esa oleada de placer recorre mi cuerpo, soy consciente de que mis labios sólo pueden besar los tuyos, mis ojos reconocer tu mirada y mis manos agarrase a su destino... Porque mi destino eres TÚ.